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jueves, 26 de enero de 2012

LOS VEEDORES UNA PROFESION QUE NO NECESITA ERES


EL OFICIO DE “VEEDOR”: ESE GRAN DESCONOCIDO.

 Javier Salamanca


Placa en honor a El Potra colocada en el Patio de caballos de la plaza de toros de Iruña.

Nunca un oficio ha sido en los últimos tiempos tan famoso y desconocido a la vez y según se ve hasta muy necesario, ignoro si en otros tiempos había veedores, más bien los ganaderos decían” estos son mis toros para su plaza, si le gustan bien y si no hasta luego”.

Actualmente este oficio no aparece de momento en el Convenio Nacional Taurino y los nombres de los que ejercen este trabajo hasta hace poco no eran muy conocidos, realmente no sabemos si tienen contrato de trabajo ni que sueldo cobran, lo único seguro es que hacen muchos kilómetros recorriendo fincas viendo toros.

Podemos distinguir dos tipos de VEEDORES, los de las empresas y los de los toreros, estos últimos son los mas temidos por algún ganadero sobre todo los de las llamadas figuras, muchos entran en las fincas como Pedro por su casa, otros avisan varios días antes cuando van a ir a la finca.

-Los de las empresas: estos llevan un papel en el bolsillo con los nombres de las ganaderías que tienen que ver, pero no solo eso, tienen que mirar los dineros, a ver si consiguen algo bueno, bonito y barato, si es esto último mejor, saldos diría el otro, así se explican como en plazas como Madrid salen a veces unos bodrios con fracasos continuados al ruedo y los continuos bailes de corrales en tardes de clavel y actualmente hay ganaderías que están que lo tiran, otra explicación mas de ¿Cómo es que no vienen cabezas de camada a Madrid salvo raras excepciones? Dinero, dinero y dinero.

El año pasado en la Feria de San Isidro se rechazaron 13 toros??? De Garcigrande-D. Hernández, y no lidió, ¿Dónde estaba Zúñiga, el veedor de “Los Choperitas? claro el dijo que no valían y que la empresa le obligó a embarcarlos.

-Los de los toreros: estos en algunos casos entran avasallando a las dehesas, mandan mas que el propio ganadero en su casa y suelen ir a veces acompañados de una pequeña caja de herramientas mas que sospechosa, cambian los toros a su antojo y vuelven de la cabeza a ganaderos y vaqueros, menos mal que aun quedan criadores de reses bravas que no se dejan manipular en su propia casa.

Por último podemos comentar que hay comisiones de festejos de pueblos que ellos mismos van a ver los toros de su feria, les gusta ser ellos y no otros los que los vean, también hay que decir que como no se sabe lo que cobran estos señores, se comenta que reciben propinas o cobran una comisión por encierro reseñado. Vamos a dar algún nombre de veedores:

1.       M.S.Mejias, Fidel San Justo, Joaquín Ramos (J. Tomas),
2.       “El Rabioso”, JC. Carreño (Casa Chopera),
3.       Poli Romero,”Manolon” (Choperitas),
4.       Carlos Zúñiga (Choperitas),
5.       Juan Cubero (jefe de veedores de Taurodelta),
6.       A. Vázquez (Cayetano y Morante).
7.       Florito.

Definición de VEEDOR según el diccionario de la Real Academia Española de la lengua:”Visitador, Inspector, Observador-que ve, mira o registra con curiosidad las acciones de los demás”

Cartujanillo Opina:

Sin duda un mundo oscuro este de los veedores, que Javier ha expuesto perfectamente, de los tres tipos el que me convence es la comisión taurina de las peñas de los pueblos, muchos de ellos lo hacen por pura afición y hasta se encargan de comprar la res o reses a soltar.

Soy mucho más partidario de que el ganadero decida las reses que tiene apartadas y tenga siempre la sartén por el mango en cuánto a las decisiones dentro de sus lindes¡Faltaría más! pero también tengo claro que los veedores de empresa son imprescindibles para comprobar que lo reseñado por el criador cumple con la exigencia del coso, lo cúal evita sospresas e incidentes en los reconocimientos.

Es comprensible que en todo mercado, el vendedor trate de adaptarse al cliente, pero en ningún mercado se conoce ( o al menos mis ojos) tan férreo mando ante las decisiones del vendedor, en este caso el ganadero, el cúal por unos momentos pierde gran parte del mando dejando algunas decisiones a disposición ajena, son estas cosas cuando son de empresa las que debemos de parar. Ustedes tienen ahi esos toros, a tanto dinero, si no los quieren, nada de cambios, remiendos, y rebajas. Puerta. Esa es la manera de pararlo, pero mientras un sólo criador permita lo demás, no será posible de ningún modo.

De los veedores de los propios matadores ya ni hablamos, lo de las cajas de herramientas y de más equipos de manipulación es una gran verdad ¡como si con los que se tienen en la finca no fuese necesario! ¡no sea que falte algun accesorio...! Que afeiten o dejen de afeitar es algo ya mas que propio de la ganadería, de la categoría del coso, pues fuera del circuito grande y alguna excepción, se afeita practicamente todo.

Ojo no por ello es motivo de resignación, debemos luchar por evitarlo. Lo mas mosqueante de sus visitas son esos ganaderos que se comen el cinqueño a cambio del cuatreño de cumple años o que prefieren la cara de niño al barbas y que tienen claro que no hay  mejor barbero que un semental sin cara...

Este oficio, el cúal estoy seguro que lleva existiendo, con cierta regulación u otra, desde los inicios del toreo moderno, necesita que se le haga un hueco reglamentario, que les dé cierta independencia de decisión debido a su regulación salarial puesto que se han hecho imprescindibles, siempre y cuando vayan a ver un producto para elegir entre varias ofertas, no a manipular ofertas para dar fijo en el objetivo.

Y por último he de decir en favor de los veedores, lo primero que ver el toro no es cosa nada fácil, y además hay que saber en cada momento como va a ser ese toro en los corrales y en la plaza, con todo lo que esto cambia... y que tener en la cabeza muchos prototipos de toro diferentes y analizar diversos factores a tiro de vista no viendo a los animales diariamente, no es tarea sencilla, de querer hacerse bien. Lo segundo que no creo que hoy por hoy sean culpables de ciertos fracasos, pues sencillamente se convierten en títeres de las empresas, a las cuáles fijaría como responsables directas. Y por último, que como profesión campera   ha de ocupar su sitio, y regularse, pues no todo el mundo sirve para ello. Tiene que ser una alegría apostar por una corrida o una res en especial y salir de la plaza con algún toro de vuelta.

Un saludo.

Esa especie de los veedores

  



Por MIGUEL LIZÓN

Especie esa de los veedores que desarrollan papel de relevancia en el mundo del toreo. Veedor es más que simple "mirador". Quien ve pone atención, también intención, en cuanto mira. Veedores de la cosa de la Hispana Patria anduvieron poniendo sus miradas ciudadanas en las urnas el pasado domingo 22 de mayo. Con los resultados que ya todos conocemos y a no pocos, todavía, no dejan de sorprender. Qué cosas tienen los dichosos votos de vez en cuando. En tanto que por campos de bravo, o de menos bravo, los veedores hicieron de las suyas a propósito de la Feria de San Isidro. El veedor, figura de decisiva importancia, decide qué toros son convenientes para qué plazas y para qué carteles de toreros. Sobre todo cuando se trata de primeras figuras. Veedores...

No es una figura de rabiosa modernidad, no, que ya los hubo desde tiempos ya lejanos en la historia. Eso sí, no tenían, ni por asomo, la notoriedad de que ahora disfrutan. Hasta tal punto, que los hay que dedican su actividad "visual" casi en exclusiva a uno o a contados diestros. Suelen tener entrada libre en la mayoría de las ganaderías donde se apartan toros para toreros, generalmente de sonoro cartel. Aceptan o rechazan, los tales veedores, cuanto les viene en gana. Todo a la mayor "gloria" de quienes pagan sus "atinados" servicios. A veces chocan con los veedores de la empresa, que los tiene, sobre todo cuando son cosos de relevante categoría. Y entonces llegan las sustituciones de encierros rechazados, ahí queda el doloroso ejemplo de Madrid en la presente isidrada, con absoluta impunidad y falta de coraje, por parte de la autoridad, de proceder a la suspensión previo puñetazo sobre la mesa. Por respeto al toreo cabal y al aficionado. Veedores, ay...

La empresa de Bilbao envió a su representante, su veedor para entendernos, a que viera los toros de Miura que se lidiarían en su exigente feria. Corrían primeras décadas del pasado siglo XX. Don Eduardo Miura, célebre por sus amplias patillas, así como por su claro carácter, digna hospitalidad para con el visitante, le condujo a un cercado donde pastaban los toros del año. Según el ganadero, había unos ochenta toros. A la pregunta del enviado de la empresa sobre cuáles eran los toros de Bilbao, el ganadero, escueta y rotundamente, contestó : "De los ochenta, seis". Y sin mayores aclaraciones, montó en su cabriolé, junto al derrotado veedor, y se alejaron del lugar. Eso, carácter. A veces sucede que la especie se convierte en especia. De canela o vainilla, tan suaves aromas. No de pimienta. Veedores, esa especie. Alicante. Mayo.

¿QUE VEN LOS VEEDORES?


¿Donde se estudia para veedor? ¿Hace falta el antiguo COU o te vale ya con la ESO? Y sobre todo, para aclarar las dudas de aquellos agnósticos que sólo creemos que lo vital para la Fiesta es un Toro y un hombre que quiera ponerse delante con un mínimo de ortodoxia, ¿qué es lo que ve un veedor?

Buscando un poco información del tema, pues este oficio permanece a unos de esos ministerios creados por el taurinismo de los que poco o nada me importan, he leído, no sin cierta incredulidad, que es uno de los personajes más importantes del mundillo, que su sabiduría es magnánime y que actúan como agente engrasador del triunvirato ganadero - empresa - torero. Vamos, que la próxima vez que pase delante de mi un veedor, me postraré ante él como si estuviese ante el mismísimo José Tomás, hijo predilecto de la Virgen de Guadalupe e hijo pródigo de Aguascalientes.

Ahora bien, la realidad, la de verdad, o lo que es lo mismo, la que paga el aficionado es bien diferente. Véase este mismo año, por no ir más allá, Valencia y Sevilla. Qué de un ciclo como el sevillano de dieciseis festejos, en sólo cuatro o cinco los animales estén en consonancia con el caché de la plaza, es una vergüenza mayúscula. Lo peor de todo es que hay cierto sector de aficionados sevillitas que presumen de ser los únicos en saber apreciar `el toro bonito y armónico´.

En Valencia van a peor las cosas. Simón Casas, erúdito, autonombrado por él mismo, de la cultura y el arte mediterráneo se va a ocupar de sustituir las corridas de toros por erizadas populares. Total, si los hay negros, son chiquititos y pinchan, en algunas zonas costeras ya estan llamando a estos equinodermos como cuvillos de mar. Feria de.., bueno, primera de las muchas y malas ferias que programa Choperita en Las Ventas: las dos corridas desechadas. Tal cual, ni interés del aficionado ni gaitas. Si no se aprueba el gato como animal de lidia pues se llama a otra ganadería gatícola, a poder ser barata, y a trincar. Que ya lo dice el refrán: el que tiene vergüenza ni cena ni almuerza.

 Un año, me cuentan, que se tiran los veedores por esos campos de Dios, pasando fríos y calores, reventando cuentakilómetros por carretera, barro y páramos, para que luego un veterinario, que apenas ha estudiado unos cuántos años en la Facultad, venga y te diga, a ti, con tu currículum lleno de faenas y favores a los taurinos, que ese toro, el coloraíto pitorrito, no vale para esta plaza. Y lo mismo con el burraco bajito, el negrito que es un tacazo y el jabonero que es una pintura.

Existen unos cuántos tipos de veedores, también llamados por los más modernos equipo de campo. Los que van asalariados con los toreros, o con las figuras, son los más competentes. El serrucho, los muecos, las visitas antes de los embarcaderos, los mangoneos y en ocasiones, hasta el soborno, lo manejan con maestría. Supongo que es a esta clase de veedor a los que se refieren cuando los llaman `elementos´ importantísimos de la Fiesta. Sus consignas en la finca: `ese tiene mirada de loquito, quitámelo´, `un poquito descarao, no me lo eches´o `el bastito ese desiguala la corrida por arriba, amos a no cargarlo´.

Los que trabajan para una empresa, como lo era Florito, podríamos decir que tienen el amargo encargo de bajar a la dehesa como el que va al Corte Inglés en enero: buscando el descuento, un polito que se vea que es de Lacoste, pero que sea de saldo y no se le vea mucho el costurón . Esta es la única razón viable por la que se explican los líos de corrales que se sucecen cada dos por tres en Madrid, por ejemplo. Pudiera ser que hubiera otras razones, pero quedan desestimadas, porque como todo el mundo sabe, los taurinos son honestos y no hacen negocios por amiguismo ni se aprovechan del momento de debilidad que pueden estar pasando algunas determinadas ganaderías. ¿Cuántas cabezas de camada acaban en Las Ventas? ¿Y cuántas ganaderías con toros en stock, por tanto baratos, lidian en Madrid? ¿Porqué ha vuelto, este año sí, Partido de Resina? ¿Porqué nos quedamos sin ver El Pilar? Dinero, dinero y más dinero. Y los billetes cuántos más gordos, mejor. Eso es lo único que quieren ver.

Por último, cabe hacer una excepción ante la cantidad de conocedores, que es como hay que llamarlos, de verdad que han cabalgado y envejecido por todos los rincones de la piel de toro. El último de esta especie, Miguel Criado Barragán `El Potra´, fue uno de los culpables de que los San Fermines sean conocidos como La Feria del Toro, una placa con su nombre en el patio de caballos le recordará para siempre. Con su muerte se dio finiquito a un oficio noble y respetable que muchos mercaderes de moruchos han terminado por prostituir.

Aquí, los únicos veedores que hacen falta, son los que nos sentamos en el tendido, a los que por desgracia, cada día que pasa, se nos va contagiando la ceguera de los taurodélticos.
Publicado por Antonio Díaz  

DEDICADO A PEPE EL “VEEDOR MUNICIPAL” DE LA PLAZA DE PRIEGO DE CORDOBA

LOS NUEVOS VEEDORES

http://terceraviso.blogspot.com/2011/09/dedicado-pepe-el-veedor-municipal-de-la.html

 Miguel Criado Barragan " El Potra" catedratico de gramatica parda y veedor de toros

Según el diccionario de la Real Academia la palabra "veedor" tiene los siguientes significados.

Que ve, mira o registra con curiosidad las acciones de los otros.
 Encargado por oficio, en las ciudades o villas, de reconocer si son conformes a la ley u ordenanza las obras de cualquier gremio u oficinas de bastimentos. Visitador, inspector, observador.
 Criado de confianza que en las casas de los grandes vigilaba al despensero en la compra de bastimentos.
 Jefe segundo de las caballerizas de los reyes de España, que tenía a su cargo el ajuste de las provisiones y la conservación de los coches y el ganado.
 Jefe militar cuyas funciones eran semejantes a las de los modernos inspectores y directores generales.
 Empleado de palacio a cuyo cargo corría que se sirviese sin desfalco a la mesa lo que se había ordenado, y que no se sirviese cosa ninguna sin avisar al mayordomo mayor o al de semana.

“Veedor” en el argot taurino es el que va al campo, se fija en los toros y elige.

Y “Señalador” es el que va al campo, se fija en los toros señala y dice, este puede valer para dentro de un mes si tiene mas remate, aquel también si coge peso, el cárdeno se tapa por la capa pero tiene que emmorrillarse más etc.….

Pues bien de un tiempo a esta parte y por indicaciones del reglamento andaluz presidentes, delegados y veterinarios de casi todas las plazas de Andalucía y ahora por lo visto también asesores municipales, se han lanzado al campo "como veedores" a “señalar toros” y da la sensación como que aquí todo el mundo sabe de eso y lo que es peor todo el mundo se cree y viene convencido que lo que les enseñan y reseñan en la ganadería es lo que luego va a llegar a la Plaza.

Como si lo de señalar toros en el campo, fuera fácil y todo el mundo estuviese capacitado para realizarlo, pero si se equivocan hasta los “llamados veedores profesionales” que tienen que reseñar cientos de toros por temporada, imagínense la autoridad que ve las corridas televisadas, las de feria de su ciudad y poco más.

Por si fuera poco, ocurre que ni siquiera el procedimiento que se está empleando esta reglado. El reglamento andaluz no solo no desarrolla como hay que realizarlo, sino que ni tan siquiera existen actas homologadas ni ningún documento oficial que acredite su realización de forma oficial, apenas unas fotos hechas con la cámara digital particular de algunos preocupados y honestos veterinarios y que cuando comparan la foto con lo que ha llegado a corrales de la plaza ponen cara de asombro y piensan para sus adentros.

“Y para eso me he metido yo 2000 Kms en el cuerpo, pidiendo días de libre disposición en mi trabajo, jugándome la vida en la carretera con un chofer que no se como conduce, sin un seguro de vida que me avale a mi y a mi familia en caso de accidente, el año que viene que vaya al campo Heidi y que le tomen el pelo a S. Isidro labrador o a S. Francisco de Asís que para eso es nuestro patrón.

Y por supuesto llega el año que viene y vuelve a repetirse la misma excursión.

El denominado señalamiento no es “obligatorio” ni para el Presidente ni para los veterinarios, es un acto totalmente libre y voluntario, ya que el Reglamento solo “posibilita” a las empresas solicitarlo pero tienen que estar de acuerdo la autoridad y los veterinarios es decir ambas partes, por tanto aquí nadie obliga a nadie, lo que quiere decir que los que van saben a lo que van.

Si a esto añadimos que “señalar” no es “reconocer y mucho menos emitir un dictamen de utilidad que se hace en los corrales de la Plaza después de un reconocimiento oficial y reglado perfectamente definido en el reglamento andaluz.

¿Entonces porque esa moda de viajar al campo si se ha demostrado que no garantiza nada y resulta hasta contraproducente para la autoridad? Utilizándose como una medida más de presión en los reconocimientos

¿Pero hombre como dice usted ahora en la plaza que este toro no vale si me dijo en el campo que si, usted ni tiene palabra ni sabe na de esto?

Claro en el campo se le dijo “Este puede valer si dentro de un mes tiene mas morrillo, mas cara de toro, mas remate del tercio posterior, cuarenta o cincuenta Kilos mas y los pitones continúan “íntegros”.

O lo ultimo que manifestaba un ganadero cuando en los corrales de la plaza le desecharon los ocho toros “He traído una tía de corrida que hasta la autoridad se asustó cuando la vieron en el campo y ahora por no sobresalir de las demás me la rechazan”.

"He tenido muchas presiones con esta corrida de toros, porque estaba tan bien hecha que muchas figuras me la han pedido para otros sitios y plazas de primera categoría, pero la tenía comprometida aquí".

Claro hombre en el campo estaba integra y en los corrales no. Y a saber como estaba en el campo cuando las figuras se la habían pedido y hasta se “pelearon” pero claro una semana después cuando se fue la autoridad de la finca.

Entonces porque esa moda de viajar a las fincas. ¿Faltan veedores? ¿Acaso con El Potra murió el último veedor que sabia de esto? ¿Como es posible que los “llamados veedores profesionales” que quedan no se rebelen contra este nuevo intrusismo profesional, que les esta quitando el pan de sus hijos.’ Pero si ahora ser veedor es una especialidad taurina y hasta una profesión dificilísima y hasta ingrata.

Por ello y como estoy seguro que en este desatino tampoco nadie va poner solución, me van a permitir mi particular homenaje con un resumen de todo lo escrito el día que nos dejó, al mejor “veedor” que ha existido en el planeta de los toros, que pasaba por ser, además de un genio, padre de nuestro querido compañero y veterinario de la Maestranza Miguel Criado.

Miguel Criado Barragán” mas conocido por El Potra fue un personaje irrepetible por su propia forma de ser y también una de las personas que mejor ha conocido el toro en el campo. Nunca concedía entrevistas ni hacia declaraciones, era todo un ejemplo de discreción máxime en estos días en que tantos políticos se dejan ver en los callejones de las plazas hablando por hablar, y buscando sus cinco minutos de gloria y de votos, con tal de salir en las televisiones, porque para ellos eso significa, estar en el chiquero inaccesible de la fiesta.

Hombre querido y admirado por todos los componentes del mundo del toro, ha sido una de las páginas más importantes de la Fiesta Nacional a lo largo de todo el siglo XX. Considerado como uno de los últimos románticos, Miguel Criado Barragán supo granjearse el respeto de los profesionales. Maestro de maestros en el campo y en las plazas de toros, su sapiencia y conocimientos del toro y de la Fiesta los supo transmitir a generaciones enteras.

Miguel se decía un mandao que obedecía, que iba donde le indicaban y veía si el ganado valía o no, informaba seleccionaba, visitaba cada cierto tiempo el hato reseñado y comprobaba como iban los toros, los embarcaba, y no tenia nada más que contar, solo a su poderdante.

El Potra lo conocía todo de la fiesta de los toros. Su padre era barbero en el barrio del Arenal de Sevilla y le arreglaba la barba a Juan Belmonte. Por este motivo, El Pasmo de Triana fue su padrino de bautizo, mientras que la madrina fue la que entonces era su novia, Consuelo Campoy, con quien Juan nunca llegó a casarse, pero que fue la madre de Juanito Belmonte, el hijo de Juan y torero de los años cuarenta y cincuenta. Consuelo Campoy fue también la madrina de bautismo del banderillero Alfonso Ordóñez, hermano de Antonio Ordóñez.

El padrino protegió al ahijado y le colocó en la empresa de la plaza de Sevilla. En esos años previos a la guerra comenzó El Potra a ver toros en el campo. Cuando Álvaro Domecq y Díez comenzó su andadura como rejoneador, Camará, que ya conocía al joven Miguel Criado, le puso a su lado en labores de administrador y mozo de espadas.

Juntos estuvieron veinte años. Más adelante, trabajando con Camará, apoderado de Manolete, El Potra viajó con el torero cordobés hasta su muerte en Linares. Estuvo con él en México en labores de mozo de espadas. En Linares fue testigo de la muerte del mito y de los acontecimientos que la rodearon, incluso de la polémica con Lupe Sino, que no pudo ver al torero hasta después de muerto. Luego también trabajó con Litri y Aparicio, los novilleros que revolucionaron los años cincuenta.

Siempre al lado de Pepe Camará, El Potra comenzó a trabajar como veedor en las plazas de Sevilla, Dax y Madrid, con la empresa Jardón, aunque su mayor notoriedad la alcanzó en la Casa de Misericordia de Pamplona en la confección del cartel de toros de los “sanfermines”, una tarea que desempeño durante 46 años. Hoy esta función la continúa su hijo Miguel.

Miguel Criado fue, sobre todo, un hombre de un conocimiento grande del toro, tal vez uno de los más grandes en esta faceta y con una filosofía única, y un fondo de calidad personal fuera de lo normal con la prudencia de no contar nunca lo que tantas veces le pidieron que contara y que llevara en su agenda. Sabía demasiado y no quería dañar a nadie.

Antonio Burgos definió a Miguel Criado, "El Potra", como un catedrático de gramática parda. Sirvan estas anécdotas para hacerse una idea del personaje.

Corría la feria de 1975, una feria que en lo ganadero resultó un desastre. Para el catorce de julio estaba preparada una corrida de lujo: toros de Fermín Bohórquez para Paco Camino, Rafael de Paula y Ángel Teruel.

En el reconocimiento previo de los corrales fueron rechazados dos de los toros de Bohórquez. Tan "poderosa" razón sirvió al Paula para quitarse de en medio la víspera.

Contrariado por la enésima caída del cartel del jerezano, Miguel Criado “El Potra” se puso a buscar un sustituto. Puesto al habla con el apoderado de Rafael Torres este aceptó de muy buena gana la sustitución: su torero era joven y se le ofrecían unas magníficas condiciones para el debut en Pamplona. Pactaron los dineros y se despidieron hasta el día siguiente.

Media hora más tarde, el teléfono del "cuartico" del patio de caballos volvía a sonar. Era de nuevo el apoderado de Torres, preguntando quienes toreaban la corrida.

"El Potra", previendo la jindama del matador, contestó con toda la mala leche del mundo:

-Torean Paco Camino, Ángel Teruel... y ¡el mierda de tu torero!

O lo que respondió a Mari Carmen Camacho cuando iba a comprarle aquella corrida de toros tan vareada, que no iba a estar en romana para la plaza de Madrid, Miguel Criado avisó a la ganadera que los veterinarios la echarían para atrás: "No te preocupes, Miguel, que en un mes te la pongo gorda" le dijo la ganadera.

Y ese Potra tunante al responder: "Mira, Mari Carmen a mi edad, a mí no me la pone ya gorda ni Sofía Loren".

O la que contaba Navalon: Había en Sevilla un cronista de radio famoso por la cornamenta que le ponía su agitanada esposa. “El potra” tenía interés en que viera y alabara a un novillero que estaba protegiendo y el cronista exigió que le mandara un taxi para ir a verlo a un tentadero. En el vecindario se formó un gran escándalo cuando “El potra” le mandó a la puerta de su casa en lugar de un taxi ¡el camión de los toros!

O la de aquella mañana de feria en los corrales de una Plaza de 1ª de Andalucía, tras hacerse los lotes y entrar los profesionales en el recinto del sorteo, un delegado de la autoridad muy estricto, solicitó la acreditación a quienes allí estaban entrando. Al serle solicitada al Potra su nombre y filiación, cosa que le mosqueó bastante, contestó con toda seriedad y almonteña apostura:

-Mire usted mi nombre es Miguel Criado Barragán; hijo de madre legítima, y esto último lo digo porque aquí....aquí hay mucho hijo de p...

Miguel Criado, era un genuino ejemplar de la gracia andaluza con retranca. Hombre ingenioso y competente que fue testigo directo del último medio siglo del toreo pasó siempre desapercibido: Jamás concedió una entrevista, sólo hablaba con quien conocía y aun y todo escucharle dos frases seguidas era un milagro.

Sus mayores conocimientos, sus vivencias y secretos con Belmonte, Camará, Manolete, Álvaro Domecq, Jardón o San Martín fueron con él a la tumba.

Fue el “último mohicano” de aquella fiesta de taurinos serios, de hombres del toro que se hacían respetar. Con una frase, la retranca del “Potra” dejaba en ridículo al más pintado. Observaba a un advenedizo con los mismos ojos que un tratante le revisa la dentadura a un caballo y de profesión era “veedor de toros”.

Empezó siendo ‘El Potra’ y acabó riéndose de sí mismo cuando lo llamaban ‘Don Miguel’. Ahora seguro que se estará riendo de estos “veedores aficionados” y de la nueva moda de los señalamientos y ver los toros en el campo por la nueva “competencia”.

Así que amigo Pepe “veedor municipal” de la Plaza de Priego de Córdoba. Toma Nota. Estoy seguro que a pesar de tu buena intención, me da la sensación que no sabes muy bien donde te has metido.

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