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domingo, 6 de mayo de 2012

ESTUDIO SOBRE LA VISION DEL TORO

ESTUDIO SOBRE LA VISIÓN DEL TORO



Por P. Barrera
[ 06/04/2012 ]









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El trabajo realizado por Juan Manuel Bueno, miembro del Laboratorio de Óptica y Director del Departamento de Física de la Universidad de Murcia (UMU), Juan I. Seva, J. Manuel Sanes, y F. Martínez- Gomariz de la Facultad de Veterinaria de la Facultad de la UMU, ha recibido el premio a la mejor Comunicación Científica en el X Symposium del Toro de Lidia en Zafra.

Para conocer mucho más, todo lo posible, y ofrecerlo en exclusiva a los lectores de OyT, Juan Manuel Bueno nos concede una entrevista sobre esta interesante investigación, contestando con sencillas palabras a nuestras preguntas, para que todos entendamos bien los términos científicos de los que habla.

A pesar de su juventud Juan Manuel Bueno tiene un amplio curriculum. Es Licenciado en Ciencias Físicas  por la Universidad de Salamanca y Doctor en Física (especialidad en Óptica). Desde 1994 es miembro del equipo científico del grupo de investigación “Laboratorio de Óptica” en el Centro de Investigación en Óptica y Nanofisica de la Universidad de Murcia (UMU). Actualmente es Director del Departamento de Física de esta Universidad y presidente del Comité de Ciencias de la Visión de la Sociedad Española de Óptica. Además tiene en su haber más de cuarenta publicaciones científicas de alto impacto; 150 comunicaciones a congresos científicos y más de 50 conferencias invitadas en centros de investigación internacionales de reconocido prestigio de países como Canadá, EEUU, Irlanda o Italia.

 
-¿Es la primera vez que se hace este tipo de investigación en España?
No sólo en España sino en el Mundo. Esta es la primera vez que de forma experimental se ha medido la calidad óptica visual de un animal, tan nuestro como es el toro de lidia.

-¿Qué fue lo que originó esta investigación?
El estudio de la visión en animales se aleja bastante de lo que nosotros hacemos en el laboratorio, donde principalmente investigamos aspectos relacionados con la óptica visual del ser humano. Por avatares de la vida, entre los que he de incluir mi afición taurina, me puse en contacto con Juan Seva, Vicedecano de la Facultad de Veterinaria de la UMU y veterinario de la plaza de toros de Murcia. Tras varias conversaciones decidimos intentar ligar su amplia experiencia veterinaria en el toro de lidia con los aspectos visuales y ópticos en los cuales centro mi actividad investigadora desde hace años. Es decir, nuestro objetivo fue estudiar en detalle la óptica del ojo del toro de lidia, que nos llevara a “descifrar cómo ve el toro” y con ello poder potencialmente llegar a comprender el comportamiento del animal tanto en el campo como en el ruedo. 

-¿El toro ve de distinta manera que el humano?
El sistema visual de este animal es similar al de los humanos desde el punto de vista fisiológico y en él pueden distinguir 3 etapas. La 1ª etapa es la Etapa Óptica, en la que las lentes fisiológicas del ojo (córnea y cristalino) forman la imagen del mundo exterior sobre la retina. En este sentido el ojo es como una cámara de fotos donde las lentes son el objetivo y la retina, la película fotográfica (o en términos más modernos el chip CCD). La 2ª es la Etapa Retiniana en la cual la luz que ha llegado a la retina se transforma en impulsos eléctricos que a través de las fibras nerviosas que cubren la retina llegan al nervio óptico y de ahí al cerebro. Finalmente, la 3ª Etapa es la Neuronal en la cual el cerebro interpretará la información que le ha llegado. Para que el sistema visual funcione bien las tres etapas han de llevar a cabo su función correctamente. Nosotros, al día de hoy, solamente hemos estudiado lo que ocurre en la primera etapa, es decir si la imagen que forman las lentes del ojo se sitúa sobre la retina o por el contrario ésta se localiza bien delante, bien detrás de ésta. En el primero de los casos estaríamos ante un ojo emétrope que vería bien de lejos y de cerca, para entendernos, no necesitaría gafas. Si la imagen se sitúa delante de la retina, tendríamos un ojo miope, que no vería de lejos. Si por el contrario, la imagen se forma detrás, el ojo sería hipermétrope y por tanto con dificultades para ver objetos cercanos. El estudio de esta 1ª etapa se basa fundamentalmente en la medida del estado refractivo del ojo, de forma que podamos inferir si el animal ve bien de lejos, de cerca, a distancias intermedias o a todas las distancias.

-¿Llegaríamos a ver toros con gafas?
No, no lo creo. La idea podría parecer descabellada pero hay colaboradores nuestros de Alemania y Canadá que han puesto gafas a pollos para estudiar el origen de la miopía. Si bien es cierto, el toro bravo es un animal peculiar por decirlo de alguna manera, pero algunos investigadores han llegado a medir la refracción en animales tan exóticos como elefantes y rinocerontes. Nuestro estudio podría arrojar cierta luz sobre el comportamiento del toro cuando sale a la plaza, al menos en los aspectos ligados a su calidad visual. En el campo el animal es libre, se comporta a su aire y nadie se preocupa por estos detalles. Pero cuando él llega a la plaza, todos los aficionados sabemos que tienen ciertas querencias, a parte de que sea bravo o no. El embestir por un pitón o por otro es algo que a la gente del toro le “trae de cabeza”. Pero no sólo eso, el toro además de presentar querencias hacia un lado o hacia otro, tiene unas ciertas zonas donde no ve, algo similar (salvando las distancias) a los ángulos muertos de los espejos retrovisores de un coche. La combinación de las zonas de visión nítida (lejos-intermedia-cerca) y los ángulos muertos son esenciales. Nuestro objetivo es utilizar las medidas ópticas para intentar justificar el comportamiento del toro.

-La diferencia del campo a la plaza, de luz y color, ¿influyen en la visión del toro?
Por raro que parezca, no hay demasiados estudios sobre el toro de lidia. Apenas se ha estudiado cómo funciona el sistema visual de los bovinos en general. Hay algunos estudios de comportamiento (psicología experimental), ya bastantes antiguos, que concluyen que en el caso del toro no hay nada que indique una predisposición especial por el color rojo. Esto, unido a que en el ambiente natural en el que se desarrolla el animal hay una carencia de tonos rojos, puede haber llevado, según algunos autores, a que evolutivamente la retina del ojo del toro haya prescindido del pigmento rojo. En este sentido, el ojo del bovino sería dicrómata (protanope para ser más exactos), con lo cual los colores que ven serían diferentes a los que vemos los humanos. Hemos de desterrar la idea de que un ojo protanope no ve el rojo. Esto es completamente falso. Sí ven el rojo pero no el rojo que vemos los que tenemos tres tipos de pigmento en la retina (rojo, verde y azul). Quiero añadir que nosotros no hemos realizado estudios fisiológicos sobre los tipos de células fotorreceptoras de la retina y simplemente me remito a lo que está en la literatura. Por tanto, el toro no se siente atraído por el color del engaño, sino por el movimiento de éste. Los estudios de comportamiento que acabo de citar muestran además que el animal se siente más atraído cuanto más se mueve el engaño y menos familiar le resulta éste. De hecho en la retina existe también un tipo de células fotorreceptoras (denominados bastones) que son las responsables del apreciar el movimiento. Es posible que la distribución de estas células sea diferente entre los bovinos y los humanos, en los cuales la densidad de bastones aumenta hacia la periferia de la retina y es nula en la zona central de ésta. Desconozco si hay o no estudios científicos sobre este tema en particular. Por otra parte la refracción ocular es independiente de la luminosidad y por lo tanto no cambiaría de estar a campo abierto en pleno día o durante el atardecer, tampoco de estar en una plaza de toros a media tarde o en una corrida nocturna. Lo que sí existe en el ojo son unos mecanismos retinianos que permiten que el sistema visual se adapte a diferentes grados de iluminación externa. Estos mecanismos relacionados con la adaptación del sistema visual a la oscuridad están muy estudiados en el ojo humano. De hecho el refrán tan castizo “de noche todos los gatos son pardos” tiene su razón de ser, pues a bajos niveles de luz las células de la retina denominadas conos (responsables de la visión de detalles con altos niveles de luz) dejan paso a los bastones (encargados, además de la visión del movimiento al que antes aludía, de la visión a bajos niveles de luz). En resumen, deficiencia o excesos en la iluminación no producen cambios en la formación de imagen en el ojo, pero sí en el funcionamiento de la retina.

-¿El comportamiento del toro puede variar si se lidia en verano o en invierno, con luz natural o artificial?
En mi opinión el comportamiento sí cambiaría con diferentes grados de luminosidad, lo que dudo es que éste se pueda predecir de antemano. De hecho uno de nuestros objetivos es ligar visión y comportamiento hasta donde nos sea posible. Creo que con el tiempo, trabajo, esfuerzo y financiación podríamos en un futuro llegar a entender hasta qué punto los factores visuales contribuyen al comportamiento del animal.

- Los ojos del toro están a los lados de la cara ¿cruzarse durante la lidia al pitón contrario es una ventaja para el torero?
Siempre hago la comparación con los humanos que es donde llevamos muchos años centrando nuestro trabajo. Por la disposición de nuestros ojos, los humanos disponemos de visión frontal binocular. Por el contrario el toro no tiene una visión frontal pues la disposición de sus ojos es lateral. Existen estudios que dicen que el campo visual lateral de cada ojo individual es de unos 110-115º (180º es un plano). La combinación de ambos da lugar a un cono central de tan sólo 20º de visión binocular cuyo vértice está a una distancia nada despreciable del hocico del animal. Obviando por un momento el hecho de que la refracción del ojo no permita al toro ver de cerca nítidamente, la existencia de este cono en la zona central, indica que hay una distancia a partir de la cual no puede ver objetos nítidamente pues están en una zona excluida de su campo visual (tanto mono como binocular). Seguramente el torero no sabe nada de la visión del toro, pero sí sabe que cuando se coloca en cierta posición el toro no le ve. Cuando el torero se cruza al pitón contrario se está moviendo dentro de esa zona de exclusión visual (o ángulo muerto). Hasta que no le muestra la muleta y ésta sale de esa zona, el toro no vería nada.

-¿Torear con la izquierda es más difícil que torear con la derecha?
Justamente, torear por naturales es más difícil, pues evidentemente la muleta no tiene la espada, es más pequeña y está más cerca del cuerpo, con todo lo que ello implica al pasar el toro. ¡El arte tiene su razón de ser! De hecho una de las hipótesis de nuestro trabajo como ya he dicho anteriormente es justificar, de alguna forma, que el comportamiento durante la lidia está de alguna forma ligado a la función visual (aunque no totalmente). Los humanos tenemos un ojo dominante que usamos habitualmente para mirar a través de un instrumento óptico (microscopio, mitra telescópica,…). Nuestra idea es que es posible que en el toro pase algo similar, es decir que se sienta más cómodo “en sus tareas” utilizando un ojo u otro (un pitón u otro). Podría ocurrir que el ojo dominante presentase menores valores de refracción, pero no necesariamente, pues hay otras dos etapas del sistema visual en juego que podrían tener una influencia particular. Nuestra meta es llegar a relacionar en la medida de lo posible el comportamiento durante la lidia con su calidad óptica.

-Sería una “bomba” si se demuestra ese comportamiento
Hemos arrancado con estudios en ojos en estado post-mortem, aunque ya hemos hecho pruebas preliminares en vivo. Si en un futuro próximo pudiésemos corroborar nuestra hipótesis sería una especie de revolución. Si se me permite la expresión, estaríamos ante el “José Tomás de la óptica visual taurina”. Podríamos decir de antemano los toros que potencialmente van a ir mejor por un pitón que por otro (¡¡a algunos profesionales del toreo les vendría de perlas!!). Obviamente esto no es la panacea y siempre hay que tener en cuenta el margen de error, ya que el estudio visual no es infalible y por supuesto hay otros factores de comportamiento a tener en cuenta, que son los menos controlables y más difíciles de cuantificar.

-¿Esa visión influye para que un toro se acueste o se cuele por un pitón o por el otro?
Soy de la idea que esto puede influir. Cuando hay un desequilibrio entre ambos ojos, de alguna forma el animal no se siente a gusto y en esos momentos en que se cuela es porque quizás el torero esté en la “zona de peligro” donde el toro tiene tendencia a ir. Estamos aún en los inicios, esto es algo que nos gustaría ir concretando con el tiempo y después de muchas medidas.

-¿El toro pierde visibilidad a lo largo de la lidia?
En mi modesta opinión, creo que no. El cansancio es evidente que tiene una influencia directa sobre el sistema motor del animal. Todo eso que se oye por ahí de que por el estrés el animal pierde vista durante la lidia es algo que científicamente y hasta donde yo sé, está por demostrarse. Es posible que el cansancio lleve a una merma en el rendimiento visual, pero ésta no está en la etapa óptica. En el tiempo que dura la lidia, no creo que haya cambios en la visión del toro al menos desde el punto de vista puramente óptico. Si existe, lo más probable es que esté en la etapa neuronal, a la que evidentemente nosotros no nos dedicamos.

-¿En la suerte suprema el torero se pone en el campo visual del toro?
Se están haciendo medidas morfológicas de la cabeza del toro, pues la zona de exclusión visual de la que antes hablaba depende de la distancia que hay entre los ojos. El ser (en términos taurinos) “ancho o estrecho de sienes”, influye. En términos generales y en las mismas condiciones experimentales, en el toro ancho de sienes la zona de exclusión visual sería más larga que en el toro estrecho se sienes. Dicho de otra forma, la distancia que hay desde el hocico del toro al punto donde el toro empezaría teóricamente y en las mejores condiciones visuales a ver con los dos ojos, sería mayor en un toro ancho de sienes que en un toro estrecho de sienes. Evidentemente el torero mide sus distancias, pero sería bonito grabar la escena y ver las distancias para luego relacionarlas con el ancho de sienes que podemos medir en el desolladero una vez que el toro ha sido arrastrado.

-Le damos las gracias al Sr. Bueno por dedicarnos estas importantes consideraciones para OyT y, por supuesto, seguiremos muy de cerca esta interesante investigación.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Otro estupendo articulo para cortar y guardar.

Muchas gracias y un saludo